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<title>Revolución con Letras / Thania / Todos</title>
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<description>Lo que todo mexicano quiere saber sobre su país</description>
<pubDate>Mon, 15 Feb 2010 05:05:36 +0000</pubDate>
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<title><![CDATA[Novia de pueblo]]></title>
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<pubDate>Mon, 15 Feb 2010 05:05:36 +0000</pubDate>
<dc:creator>Thania</dc:creator>
<category>Literatura</category>
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<description><![CDATA[Las primeras luces de la mañana se colaban por la ventana. Estaba sentada frente al espejo que cubría la mitad de la pared del salón de belleza, mientras "el títere" lentamente le daba los últimos toques a su peinado le repetía, "te quedo hermoso", ella decía "me veo espectacular, no lo puedo creer". Cada vez que se reía se le acentuaban las arrugas que hace unos años se habían apropiado de los suaves lugares alrededor de sus ojos y boca. El color blanco con toques metálicos de la sombra de los ojos contrastaba con lo moreno de su tez, el títere se lo había advertido, pero no la pudo convencer de que usará colores más neutros. <br /><br />Tenía dos meses esperando este momento. Aunque en realidad lo había esperado toda su vida, los últimos dos meses se le hicieron más largos que los treinta y ocho años de espera. Los arreglos de las mesas, los manteles, las copas, las sillas, la comida, todo lo había planeado con destreza; como si hubiera descubierto una virtud secreta, una fuerza interna deseando ser liberada. Lo único que no pudo controlar fue el horario de la ceremonia, sus padres se lo advirtieron, "temprano, sino no nos presentamos". No tuvo otra opción que organizarla a las ocho de la mañana. Cuando entregaba las invitaciones sentía que la gente la veía de arriba para abajo, esperando una explicación. Ella no les puso atención a esas miradas juiciosas que después esparcirían chismes por todo el pueblo, sólo sonreía al entregarlas, recalcándoles la fecha y el lugar. Esperaba regalos, dinero, felicitaciones, miradas de envidia, habladurías, y lo quería todo. Deseaba que todo mundo hablará de ella. Esperaba con gusto su ceremonia, la que todos tenían el derecho a tener. <br /><br />Su hermana le advirtió de las malas lenguas. Le pidió que por su salud y la de toda su la familia fuera con doña Juana, la bruja del pueblo, a comprar, "algo que te proteja, esto no va ser fácil. Te van a odiar." Pero ella prefirió amarrarse sólo un delgado listón rojo en la muñeca para alejar las malas vibras. <br /><br />Cuando se levantó de la silla rotatoria, notó que no traía el listón y lo buscó por el piso. Al no verlo concluyó que era una buena señal, hoy se acabaría la mala suerte.<br />"El títere" finalmente le dijo, "póntelo para darte los últimos toquecitos, muñeca", al mismo tiempo que abría las ventanas para que la luz de la mañana iluminará el salón.  Salió del baño con una sonrisa que dejaba ver sus dientes grandes y amarillos. El sol le daba justo en la cara y una vez más el títere le reafirmó que el color de la sombra no le iba, "te hace ver más vieja y no te suaviza tus facciones." Pero a ella no le importaba, su reflejo en el espejo calentado por el sol, era lo principal en ese momento. Así siempre se había querido ver. Había pensado tanto en ese instante, vestida así, sonriendo así. "Me lo merezco", repetía y no pudo contenerse más. Se echó a llorar, "todos me odian, anhelan este mismo instante frente al espejo. Este esperado umbral a la felicidad eterna, a la vida perfecta." "¿A la vida felicidad eterna?" le dijo "el títere", "pero si tu futuro esposo, es un gringo pálido de 70 años. Dale gracias a Dios que te conseguiste novio para casarte y vestirte de blanco, pero no abuses nena, esto no va durar mucho. Aunque la lana que te va dejar cuando se muera va ser mucha, no es lo suficiente para pagar por sus caricias. Qué asco María, en serio me da pena por ti."<br /><br />María no le hizo caso, había escuchado esas frases tantas veces, que ya no la lastimaban. Se iba a casar  y eso es lo que importaba. Finalmente, la hija mayor se iba a casar, virgen, de blanco y por la iglesia. No le importaba que las manos de Patrick, flácidas y arrugadas fueran las primeras en tocar su cuerpo casto. No le importaba que la gente le dijera arribista o convenenciera. Se iba a casar, finalmente, se iba a casar.  <br /><br /><br />http://thania-andanzas-cotidianas.blogspot.com/<br /><br/><br/>12 Voto(s) ]]></description>
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