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¡No diga malas groserías!

Escrito por pauquintana 618 días de antigüedad - Literatura
"¡Ah, que la chingada contigo! ¡Ya te dije que no andes diciendo malas palabras o te va a llevar el señor de la basura!"

Desde niños nos han enseñado sobre las "malas palabras", pero nunca nadie nos ha podido dar una respuesta concreta del por qué son TAN malas... yo las considero palabras como cualquier otras. Sí, hay momentos más propicios que otros para decirlas, pero no por ello creo que se les tenga que satanizar a las pobres.

Cuando uno como niño o adolescente fue regañado por pronunciar alguna de estas palabras que realmente todo mundo dice, se nos dieron razones como: "Porque lo digo yo, ¡y punto!" o a lo mejor: "Eso es de gente mal educada, nosotros no te hemos enseñado eso", pero a la vuelta de la puerta los mismos padres son los que empiezan a decir "palabrotas" entonces el niño piensa: "si mis papás las dicen, no son tan malas..." y uno de adulto pregunta: "Entonces, ¿Dónde está la congruencia?"

Tengo la firme convicción de que al menos la "chingada" y el verbo "chingar" en todas sus conjugaciones no deberían ser considerados como lenguaje inapropiado. Lo que creo es que deberíamos dejar de ser tan mochos y aceptar que esas palabras son parte de nuestro lenguaje popular, sin escandalizarse de más.

Sabemos que tarde o temprano nuestros hijos van a terminar diciéndolas, entonces considero que solamente es nuestro deber intruirlos sobre las situaciones, las personas y los lugares más apropiados para hacer uso de ellas, porque si no es así, estamos cayendo en una doble moral, en la incongruencia y además propiciando el sentirnos avergonzados de nuestras propias palabras.

Y estas palabras tan de nosotros son muy importantes; en un ambiente donde cada vez se exige saber más idiomas, usar más palabras y tecnicismos extranjeros, sumados al "ok", el "bye" y todos los demás anglicismos que usamos a diario, lo menos que podemos hacer es tratar de rescatar nuestras palabras, aunque sea las "malas" -que repito, de malas yo no les veo nada, hay otras peores-.

Así que cuando escuchemos a alguien diciendo una "mala palabra" no nos sintamos ofendidos auditivamente, al contrario, pensemos en usar esas palabras más a menudo en los lugares y situaciones correctas mientras sigamos en el Laberinto de la Soledad del que escribió Octavio Paz.



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