“Porque quiero expresarle al mundo mis ideas, mis historias, mis fantasías y cualquier otra creación que venga de mi imaginación”, le respondí a una estudiante de comunicación gráfica cuando me entrevistó para indagar como era que un mercadólogo con pasión por la pluma –o en estas épocas el teclado- había optado por emprender estudios en cinematografía.
También le dije que muchos artistas cometían el error de pensar que el arte, cualquiera que fuera éste, sólo podía ser apreciado y entendido bien por otros artistas y/o un selecto grupo de personas cultas; le dije que quienes pensaban así –los artistas esos-, también vivían bajo la tonta filosofía de que la sociedad es quien tiene la obligación de acercarse a conocer sus creaciones y que no es el artista quien debe luchar por mostrárselas y difundirlas.
Esos atavismos son una gran necedad. Cualquier humano es capaz de apreciar y disfrutar el arte siempre y cuando se le encamine hacia éste y se le eduque al respecto de la manera correcta. Me di cuenta de que la única manera de llegarle a las nuevas generaciones y poder hacer que pongan atención en una obra literaria o una pieza de arte, es enamorándolos desde otra perspectiva y por otros medios además de los libros y las cátedras tradicionales. No podemos esperar que quienes nacimos durante la década de los 80´s y a principios de la de los 90´s se interesen con gran entusiasmo en leer un libro o visitar un museo antes que ir a ver una película en cinépolis. Decía Einstein, que para obtener resultados diferentes, se deben hacer cosas diferentes. Ojalá que para mejorar la educación en México, al igual que muchas otras cosas más se hiciera caso a ésta máxima tan atinada.
Nuestros abuelos y tal vez nuestros padres, crecieron en un mundo en el que no existían tantos medios de comunicación ni tantas tecnologías telemáticas, y por ende, se cultivaron a través de los libros en mucha mayor proporción que nosotros. Las de ahora, somos generaciones mediáticas que fuimos formadas en un entorno de televisión, tecnología, Internet, dispositivos e infinidad de medios de comunicación -tales como el cine, la T.V. y el Internet- y por eso, a través de esos medios es como se nos debería de hacer un mayor esfuerzo por cultivar a los educandos, de otro modo, por más que se nos regañe o imponga la lectura de un libro, no se nos creará el interés si es a la fuerza. No se malentienda, los libros siempre habrán de ser fuente de sabiduría, pero lo que aquí intento dar a entender, es que hay que combinarlos con la modernidad.
Yo entendí a partir de que leí una definición de cine que decía que éste era “el resultado de todas las artes”, y de que comprendí el poder del mismo al igual que el de los medios de comunicación, que éstos eran una de las mejores vías para comunicar un legado intelectual a una mayor cantidad de personas de una manera explícita y placentera que de verdad cause interés; porque si bien se dice que una imagen dice más de mil palabras ¿acaso no sería correcto decir que las imágenes en movimiento que brinda el cine o la televisión dicen millones?
Alguna vez hace casi cinco años tuve el honor de presenciar una conferencia de un personaje a quien considero un verdadero erudito de la cultura en general: tanto de la tradicional y clásica, como de la popular. Me refiero a un señor cuyo talento, creatividad e inteligencia le han merecido ser apodado con una particular palabra que lo compara con William Shakespare, quien es considerado el más grande escritor de lengua sajona. Me refiero al señor Roberto Gómez Bolaños, si, a Chespirito, cuyo alias es nada más y nada menos que un diminutivo de "Shakespare” modificado por los modismos léxicos de México para hacer alusión a la brillantez de sus geniales creaciones, que no pudieron haberse engendrado en otro lugar sino en la pluma y el papel.
Las palabras que de él surgieron en esa conferencia que tanto se grabaron en mi cabeza connotaban su enojo cuando dijo que alguna vez había escuchado a algunas personas referirse a la televisión como “la caja idiota”. Dijo Don Roberto Gómez en esa ocasión –un tanto ofendido por cierto-, que los idiotas eran ellos, por no darse cuenta que del potencial educativo de la misma y por tampoco ver como detrás de esa cajita con imágenes a la que llamaban idiota, había gente de genial creatividad que diariamente se entregaba a su trabajo con profunda pasión y con el entusiasmo que pocos profesionistas demuestran en otros campos de trabajo.
La prueba de que el contenido de televisivo pude explotarse para ser mucho mejor maestro que el más capacitado y condecorado pedagogo, está en la existencia de canales como el 22 del Politécnico Nacional, Discovery Channel, Animal Planet, The History Chanel; o bien, en programas como Plaza Sésamo o Dora la exploradora. ¿A poco estos dos últimos no tienen a los niños bien atentos y hasta repitiendo lo que oyen si necesidad que se los indiquen? ¿Cuántos maestros logran hacer esto en un aula?
He visto la eterna discordia que muchos escritores -algunos de ellos muy reconocidos- expresan hacia algunos medios como la televisión y sobre todo hacia el cine. En el caso de éste último, simplemente nunca he escuchado que alguno de ellos -o a algún crítico- quede totalmente satisfecho cuando un libro es adaptado para ser película. Ahí demuestran su miedo a lo nuevo, reflejan, según mi percepción, una actitud un tanto retrógrada. Habría que invitarlos a que realicen un guión cinematográfico del libro de su preferencia y así demuestren como es que se hace para que quede perfecto con respecto a la obra literaria en la que se basó, sin que se sienta que se ofende o quite esencia a ésta última al llevarla al cine. Extrañamente no registran -¿O a caso lo omiten a propósito?- que tanto lo que ven en la que algunos llaman “caja idiota”, como lo que ven la pantalla grande tiene origen en la pluma y el papel, o en el teclado y la pantalla. Creo que opinan así por ignorancia hacia el séptimo arte, pues si conocieran la cantidad de implicaciones que conlleva la producción y rodaje de una película, entenderían que es ridículo intentar plasmar todos y cada uno de los renglones de un libro en ella. Qué ingenuos y qué herméticos.
En lugar de decir cosas como “porquería de película, omitió ciertas partes del libro” deberían aplaudir el tan destacado esfuerzo que se hace con tal labor de difusión al crear una película basada en un libro. ¿Pues cuantos jóvenes creen ellos que conocían “Amor en tiempos de Cólera”, o tenían la más mínima idea de lo qué trataba la Iliada –contada en el largometraje “Troya”- antes de que salieran las películas basadas en los sucesos de éstas obras literarias de García Márquez y Homero respectivamente? Les apuesto que menos de la mitad de los que hubo después de que dichas películas aparecieran en el cine; de ahí, seguramente provocaron el interés de leer dichos libros en algunos jóvenes, cosa que media docena de profesores no lograron en la educación básica de éstos.
Señores Baby boomers, no sean dinosaurios, lo moderno no es sinónimo de malo. No discriminen las artes contemporáneas ni la cultura urbana sólo porque no son capaces de disfrutarlas o entenderlas: esas también requieren de pasión y talento para llevarse a cabo. Si quieren ejemplos, sólo busquen en Internet –si es que no consideran que éste es “malo” porque hace que dejemos de lado a las bibliotecas- los términos “free running”, “beat boxing” o “break dancing”, que son disciplinas de cultura popular y urbana que merecen la misma admiración que se le brinda al trabajo de artistas clásicos del pasado.
¿Por qué escribir o crear, y cómo hacer que los jóvenes de ahora pongamos atención a eso que escribimos o creamos?
Escrito por Uleonidas 298 días de antigüedad - Arte y CulturaQuién votó por este artículo
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Comentarios
298 días de antigüedad
Gracias por tu artículo. El problema fue causado por una confusión pensando que lo que estaba con mayor y menor que era código HTML. Sí existe la opción de modificar el artículo. Si quieres envíame la información faltante y la incluiré con mucho gusto.
298 días de antigüedad
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le respondí a una estudiante de comunicación...