Estaba un día en los vanos labores de la vida diaria y un tanto cotidiana cuando, de un buen sabor juvenil, me topé con una persona muy allegada a estas actividades y a mí. Hubo un momento de placer comunicativo entre ella y yo que, cuando menos lo esperé, la charla se entornaba dirigida a la vida actual y la situación terrestre, impregnada de debates un tanto pesimistas y otros más de buenas vibras. Y es que en este preciso instante estamos sufriendo, en esta mi bella casa, Guadalajara, su casa, un cambio climático de muy altas temperaturas insoportables.
Hablando de ésto y dándole seguimiento a las actividades que cada uno realiza, llegamos a la conclusión de que, por muy negativamente, este planeta tiene un cáncer. Cuando llegamos al final de nuestra discusión quedamos conformes y un tanto pasamados por el silencio y vacío hospedado en nuestras bocas que llegó el momento de reflexionarlo.
He oído que cuando guardamos recelos, resentimientos, tristezas, venganzas, corajes y toda esa gama de matices grices y rojos, vamos creando en nuestro interior un mal que poco a poco se va convirtiendo en energía negativa, en cáncer, en huevos podridos (a la hora de las limpias); de los cuales debemos estar limpiando nuestro cuerpo a cada cierto tiempo, ya sea llorando (aunque se crean muy "machitos"), haciendo ejercicio, practicando algún deporte, gritando... Hasta desquitándote con algún objeto, claro está, sin pertubar la libertad de los demás.
Pero, y si ésto lo transportamos a la vida del planeta azúl llamado tierra "mi hogar, tu hogar", podríamos explicar un tanto metafóricamente la creación de estos males, de los cuales, siendo naturaleza viva y muy resentida por los bajos tratos que ha recibido por el humano, podríamos llegar a la conclusión de que el calentamiento global es una parte de la limpieza que está generando este ser vivo tan enorme al que, muy sinvergüenzamente mencionado e inconcientemente, odiamos.
Por ésto mismo he de decir que levantemos las manos tan alto como podamos, talvez y de esta manera este Dios nuestro pueda tener misericordia de nosotros y hacernos valer como un Jerusalén y no tanto como un Sodoma o un Gomorrah. Levantemos las manos aunque parezca que nos están asaltando (éso sí, no vayas a dejar caer un plástico al piso), y sin temor alguno que este magnate vea, oiga, sienta, pruebe... que muy preparados estamos para hacerlo sentir mejor.
Arriba las manos (esto no es un asalto)
Escrito por Del Real Aníbal 644 días de antigüedad - Medio AmbienteQuién votó por este artículo
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Comentarios
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Consciencia es Lo que nos faLta. SoLo nos quejamos deL caLor descomunaL, y no nos remitimos a su origen =/
SaLudos
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