Escrito por:
Oswualdo Antonio González
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Con este artículo cerramos la caracterización del marco justificatorio que ha seguido la Reforma Integral de la Educación Básica, para ello utilizaremos las dos últimas categorías: tipo de ciudadano que se aspira a formar y el modelo de directivo que requiere para poder lograrlo.
Los constructivistas etiquetaban a los maestros que se atrevían a no incorporar el discurso de vanguardia en su lenguaje cotidiano, como “tradicionales” y con esa visión maniquea de la realidad construyeron una tipología de extremos de la sociedad. En uno de ellos, se encontraba una sociedad donde los ciudadanos se movían de acuerdo a funciones preconstruidas por el poder, en ella la educación era caracterizada como un “Aparato Ideológico de Dominación”. Este tipo de educación, según la visión constructivista, era la encargada de apagar todo posibilidad de visión crítica y transformadora de la realidad. La sociedad en consecuencia era estructural y funcional, en donde el individuo poco importaba. En contraposición a este modelo de sociedad, achacada a los conductistas, los constructivistas defendían una sociedad basada en la libertad. Esta perspectiva de la realidad armonizó perfectamente con el discurso que venía gestando en el ámbito de la economía y política mundial. Se planteaba en el ámbito económico un modelo de mercado, donde los supuestos fundamentales eran: la capacidad del individuo para elegir (adquirir), la autorregulación de los mercados y el adelgazamiento del estado (que se tradujo en la privatización de áreas clave), por mencionar los más importantes. En el ámbito político se defendió a la Democracia como el mejor sistema para organizar a la sociedad, nuevamente se basaba en el supuesto de que el individuo era capaz de elegir. Lo que nunca se mencionó es que en la democracia el individuo debía delegar su libertad en “representantes”, los cuales se agruparon en partidos políticos que no representaban “ideologías” sino intereses económicos. Con este modelo, por lo menos en México, se acabaron las ideologías como motor de participación política, se institucionalizó la participación de la sociedad civil y la educación se convirtió en formadora de individuos capaces de elegir entre la oferta que el mercado le proponía y consumir lo que él decidiera.
Ahora bien la educación constructivista, nunca pudo competir con los avances en la mercadotecnia comercial y política, ya que si el individuo podía elegir, la estrategia consistió en “venderle” un abanico de opciones, ejercicio a lo que se acotó la libertad. Pocas fueron las experiencias donde la libertad no consistía en escoger productos preconstruidos, sino en la posibilidad de construir lo alternativo. Por ello el enfoque por competencias, no ataca a la sociedad que formó el constructivismo, ni al individuo libre al que aspiraba, lo que plantea es que esa libertad es insuficiente, es necesario que el individuo sea parte activa en el mercado y ya no sólo un sujeto pasivo (pero libre) que consume. Por tanto se le empiezan a dar nuevas funciones a la educación, solo mencionaré, por ejemplo educar para la empleabilidad, dicho de otra manera se requiere a un consumidor activo, capaz de insertarse en las nuevas dinámicas de la realidad mundial y con ello por fin romper las fronteras que impiden a los mercados construir la nueva geografía.
Finalmente el directivo que requiere el modelo educativo centrado en competencias, es alguien capaz de garantizar que los aprendizajes esperados se alcancen independientemente del contexto, es decir, sin importar las condiciones de “educabilidad”. La próxima semana analizaremos el tópico ¿cómo evaluar competencias?.
Competencias IV
Escrito por Oswualdo Antonio González 863 días de antigüedad - EducaciónQuién votó por este artículo
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