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Competencias VII

Escrito por Oswualdo Antonio González 863 días de antigüedad - Educación
Escrito por:
Oswualdo Antonio González
www.educacionenlamira.blogspot.com


En el artículo de la semana pasada se argumentó respecto de las motivaciones institucionales para plantear un modelo curricular centrado en competencias. En esta entrega nos focalizaremos a dilucidar tres categorías que parecen confundirse en el planteamiento pedagógico de la autoridad federal: el seguimiento, la evaluación y la acreditación de los aprendizajes.

En el marco de un modelo pedagógico centrado en competencias, el seguimiento es un proceso que permite a los maestros compendiar evidencias del avance de los alumnos para poder intervenir de manera oportuna cuando alguno no este alcanzando, en el tiempo previsto, los aprendizajes esperados. En este sentido, el seguimiento, no es un momento de evaluación en estricto sentido (más adelante se desarrolla esta categoría), ya que no se asigna un valor estándar en relación con un referente (aprendizaje esperado) en un corte específico de tiempo (bimestres). Ahora bien, las valoraciones que hacen los maestros son desde criterios personales alimentados por su experiencia, no hay un proceso formal de asignación de pesos a partir de una medida base de cada objeto que se compendia, en los denominados portafolios de evidencias. Por tanto, en un modelo pedagógico centrado en competencias el seguimiento es un termómetro del nivel de logro del aprendizaje esperado, que le dice al alumno y al maestro el momento en el que es necesario apretar el paso. En contraste, en el modelo constructivista el peso de la evaluación descansaba en este proceso (evaluación inicial y de procesos) ya que permitía, al observar los “productos de aprendizaje”, asignar valores relacionados con el avance de los alumnos tomando como referencia sus conocimientos previos y sus zonas de desarrollo próximo. Así, en el modelo constructivista, el marco de referencia para emitir el juicio de evaluación era el propio alumno, se comparaban sus primeros “trabajos” con los últimos y se ponía énfasis en los saltos cualitativos, se reconocían sus argumentos y se tomaban como válidos. Los contenidos eran los mapas que lo alumnos y maestros debían recorrer para adquirir una educación básica.

Por temor o irresponsabilidad las autoridades encargadas de diseñar e implementar la actual reforma de la educación primaria, siguen manejando el discurso constructivista de evaluación, aunque en el marco del modelo por competencias a lo que se refieren cuando hablan de evaluación es al “seguimiento” del proceso de aprendizaje de los alumnos. Veamos algunos ejemplos de sexto grado de primaria: en español, en el campo formativo lenguaje y comunicación, plantean una “evaluación formativa”, la cual es tomada como sinónimo de “evaluación cualitativa”; en matemáticas “la evaluación que se plantea en este currículum apunta a los tres elementos fundamentales del proceso didáctico: el profesor, las actividades de estudio y los alumnos”; en ciencias la evaluación que se plantea es de carácter formativo; el caso de geografía es de llamar la atención ya que plantea “cambiar la visión de calificación por la de proceso” (entonces ¿no estamos en un modelo centrado en competencias? ¿esto no fue planteado en el plan 1993?) y ubica los tres clásicos momentos de evaluación diagnostica, formativa y acumulativa; en historia, evaluación formativa al igual que en formación cívica y ética y, en educación artística no hay planteamiento específico sobre este tema. El único caso que bosqueja lo que debería ser la evaluación desde el enfoque de competencias es el programa de educación física que puntualiza, sin entrar en divagaciones “nos permite… verificar el aprendizaje obtenido (a través) de los indicadores que demuestran el dominio o adquisición de la competencias”, en este sentido no se confunde evaluación con seguimiento, evaluación con momentos de evaluación o evaluación con perspectivas de evaluación (cualitativa o cuantitativa).

Por espacio, en el próximo artículo discutiremos sobre la evaluación desde un enfoque curricular centrado en competencias y las confusiones que las autoridades federales dejan entrever en el tratamiento de este tópico, que bosqueja por lo menos, una reforma a medias, que implica indefiniciones, confusiones e impactos negativos para la formación de las nuevas generaciones de mexicanos.



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