Extracto, tomado de Arrobajuarez (www.arrobajuarez.com)
Trasfondo
Carlos Murillo G.
La religión es el opio del pueblo.
Karl Marx
Desde una perspectiva laica, moderna y del siglo XXI, el catolicismo es una religión que no ha evolucionado desde la Edad Media, es anacrónica, de pretensiones universales, sumamente intolerante y arrogante. A la jerarquía católica le cuesta mucho trabajo adaptarse a las circunstancias actuales, ejerce su poder con dominio casi absoluto hacia su estructura sacerdotal (aunque no así hacia su grey) sin dejar de moverse dentro de las élites políticas y económicas; tal vez por esa forma de amar el poder, tan contradictoria con las enseñanzas de Jesús, por lo menos en México le cuesta la pérdida de importantes cantidades de fieles que prefieren otras opciones religiosas, ateas o agnósticas. El catolicismo hegemónico es el principal desalentador y expulsor de sus fieles y no las influencias externas del mundo gentil, como buscan hacer creer.
En México siempre se ha pretendido identificar catolicismo con sociedad para darle un sentido nacionalista de unidad al país, un discurso cada vez más vago y sin futuro. La influencia de la jerarquía católica, la cual hay que diferenciar terminantemente del pueblo católico, sigue pretendiendo mantener un papel protagónico en la vida de la nación y ejercer su influencia en los ámbitos políticos sobre todo, pero también y más sutilmente en los círculos de poder económico. Claro que también hay sacerdotes y monjas comprometidos con la gente y conscientes del mensaje original mesiánico, pero éstos son los menos.
Muchos de los mensajes y discursos que escuchamos tanto en los políticos como en la gente común, están influidos inconscientemente por el catolicismo: su obsesión por los “valores familiares” (¿cuáles?) se traduce en patrones rígidos e insostenibles en la realidad social contemporánea, como relacionar la relajación o descomposición familiar con el uso de drogas o la incuestionabilidad de las acciones de los líderes sean estos gobernantes, religiosos o papás (nótese que siempre se habla en masculino, como si Dios tuviera sexo y fuera hombre) son ejemplos de las limitaciones de la doctrina católica, que fácilmente puede ser comparable con las ideologías de derecha.
Algo que poco vemos y escuchamos en esta religión, es la autocrítica y la congruencia con su doctrina: hasta la fecha, seguimos sin conocer el número de sacerdotes pederastas activos en México y los que conocemos, como el famoso sacerdote Nicolás Aguilar, ex obispo de Puebla y protegido del cardenal Norberto Rivera, donde tan sólo en Estados Unidos se le acusa de abuso a 26 niños, se encuentra oculto en algún lugar del país para evitar ir a juicio. También hay incongruencias en cuanto a criticar el aborto y hacerse de la vista gorda con los hombres que, inspirados en un patriarcado de influencia católica, seducen o violan a mujeres sin responsabilizarse sobre los hijos. Se aceptan limosnas del narco o regalos del erario público, pero ¡ay! de aquel que se atreva a blasfemar en su contra poniendo en duda su actuar.
Desde el sexenio de Carlos Salinas y con la reforma al Artículo 130, los subsecuentes gobiernos mexicanos le han dado más cabida en la vida pública a la iglesia católica. Es precisamente en el actual periodo de los regímenes panistas donde descaradamente se han explotado los íconos católicos como la Virgen de Guadalupe o la canonización de Juan Diego con fines políticos, alimentando el protagonismo de los cardenales Rivera y Sandoval, o a grupos como Provida (antiabortista) El Yunque y el Opus Dei (ultraderecha).
En el México actual, la religión sigue siendo un placebo, un alivio al sufrimiento de la violencia política y económica que vive la mayoría de las y los católicos del país en ciudades como Juárez o Culiacán, por eso las religiones cumplen esa necesidad de auxilio al necesitado. En el caso del catolicismo mexicano, tibio con las clases gobernantes y duro con el pueblo, en realidad lo único que hace es mantener el caos como está. Luego nos quejamos de nuestra suerte, que somos tercermundistas, mediocres y demás, pero para hacer un juicio de valor sobre lo que somos, cómo estamos y a dónde vamos, es necesario sopesar el papel de esta religión en la vida del país, independientemente de que seamos católicos o no; es urgente, pues se trata de cambiar nuestro destino como sociedad.




Comentarios
155 días de antigüedad
340 días de antigüedad
381 días de antigüedad
por eso dios nos dio los mandamientos de vida ...
381 días de antigüedad