El Perfil Del Candidato
Se acercan las elecciones, y detrás del inicio de las campañas electorales vienen a prisa los partidos políticos, y después de los partidos se aproximan los candidatos, y detrás de éstos en muchas ocasiones, la ambición, el desinterés social, la falta de vocación, la conveniencia personal y la hipocresía hacen sombra. Sombras que tienen demasiado tiempo en los pasillos de las sedes partidistas, sombras que ennegrecen la relación ciudadanía-partido político, sombras que han consecutivamente perjudicado la imagen de los llamados “políticos”. Ante tal oscuridad, necesitamos urgentemente hallar luz, para develar los auténticos sentidos de la política, para deslumbrar a los partidos y exigirles que nos proporcionen de buenos ejemplares como candidatos, de buenos ciudadanos, y en caso de no hallar respuesta satisfactoria en los partidos, promover las candidaturas independientes como una opción fuera de foco.
Pareciera que en cada periodo electoral, justo cuando el partido y el candidato buscan con ansias el voto, se abre una estrecha grieta por donde entra un débil rayo de luz, que ingresa con esfuerzo entre los maderos que sostienen el viejo actuar de las estructuras partidistas; que simboliza la esperanza de mucha gente por el cambio, por la mejora en la calidad de vida, por un honesto ejercicio de gobierno y administración. Además se distingue una ilusión de que el abismo político existente entre el electorado, la ciudadanía y los aspirantes, así como entre los partidos políticos, se ha obstruido. Creemos muchos que ése candidato en especial sí será el bueno, creemos que nos visitará para escuchar nuestras demandas y reclamos, que se entrevistará con los diversos sectores sociales, creemos que representará a todos los que votaron por él y a todos a quienes abarque su jurisdicción. Estos son comportamientos e ideas que se repiten campaña tras campaña, candidato tras candidato, mentira tras mentira, y a muchos parece no importarles, claro que a quien menos le importa es a quien ahora ostenta un puesto de elección popular, con salario asegurado y con la garantía de que la gente no será molestada, ni tomada en cuenta, al menos no hasta el próximo periodo electoral.
Los candidatos tocan las puertas de las casas, saludan de mano a los padres de familia, a los jóvenes, a todo aquel que corra con suerte de cruzarse en su camino, alborotan el cabello de los niños, y los abrazan, y demuestran cariños hasta con el perro; lo que en ocasiones olvidan demostrar son las propuestas, las soluciones a los problemas que presenta la región que pretenden ganar en las urnas y después gobernar, las plataformas políticas y las proposiciones viables que contraataquen las dificultades públicas. Olvidan que la ciudadanía ya existía, mucho antes de que aspiraran a gobernarla, olvidan que existirá después de que ganen o pierdan en las elecciones. Olvidan también que ante todo lo que son y aspiren a ser, son ciudadanos, miembros de una comunidad, antes de ser militantes de un partido político.
Se habla en los periodos electorales de las mejores opciones, de los currículos de los candidatos, de su experiencia y de su reputación, de lo que poco o nada se habla es de la responsabilidad y participación ciudadana en estos procesos, que no se limita al momento del sufragio y que no se circunscribe en una boleta o al portar una playera con el rostro del candidato predilecto. El deber de la ciudadanía también está en exigirle al partido la opción más adecuada, en base por supuesto a los requerimientos sociales y a las capacidades del aspirante, en base a las expresiones colectivas y a las aptitudes personales del nominado. Nominado por la sociedad y no por los altos mandos del partido, que debe surgir del consenso y no de la imposición. Y en caso de no ser escuchados, inclinarse por otra opción partidista o independiente de ése sistema, pero no dejar de participar. Participar después votando o anulando, recolectando firmas para la petición de la colonia y diciéndole al ganador del proceso electoral que deberá rendir cuentas y que habrá gente interesada en vigilar objetivamente su actuar.
Es cierto que muchos mexicanos aún confían en los partidos políticos, esperan que de sus filas salga “el eslabón perdido de la política”, una especie en extinción que proveerá de confianza y justicia a la sociedad. Ése “pie grande” o “fantasma de la democracia” que rara vez se deja ver pues es ocultado por intereses más grandes que sus aspiraciones y que el mito de su existencia, podría ofrecer lo que la gente espera, necesita y demanda. Y a partir de este mito, podemos imaginar cómo sería el perfil del candidato soñado, anhelado. Éste “fantasma de la democracia” debería presentar características requeridas por la mayoría de la ciudadanía, que se identifique con ésta, que exteriorice un carácter perseverante y audaz, sin llegar a causar polarización o enfrentamiento injustificado. Un futuro representante, hombre o mujer, que no tenga rechazo por su distrito, ni por sus electores, su nación o sus colegas competidores. Se trata de la cimentación de un sujeto que debe ser determinada, por una mayoría, se cavila la construcción de un ideal tal vez imposible, tal vez estúpido, pero que podría fijar una relación más efectiva entre la sociedad y los partidos políticos. Podría ser ingenuo imaginar cómo deberían ser los candidatos, no puede determinarse un patrón que abarque todos los distritos electorales, todas las necesidades o los sucesos históricos, las ideologías de los ciudadanos o de los partidos, pero podría ser útil disponer de modelos que justifiquen la nominación de candidatos y el desarrollo de sus propuestas, podría ser lucrativo suponer de comportamientos ejemplares de aquellos que compiten por los puestos de elección popular, también podría ser ventajoso presumir planes de acción, disposición y voluntad en los aspirantes.
Las incógnitas acerca de los candidatos y sus posiciones, podrían surgir antes del famoso “destape”, inclusive cuando es oficialmente conocido el aspirante, pero cuando florecen los cuestionamientos hacia las aspiraciones de éste, debe comprobarse que presenten severidad y que sirvan para develar las verdaderas intenciones del sujeto y su partido, que justifiquen sus antecedentes y que valgan para que se aparte de sus ocupaciones anteriores. Por desgracia, muchos de los candidatos surgen de la imposición dentro de los partidos, emergen de la negociación, de la compra-venta de favores políticos y electorales, del chantaje, de las élites y no de la ciudadanía. El candidato es militante de un partido político, —ante la carencia de candidaturas independientes reconocidas por la ley y el IFE—y parece no ser miembro de una sociedad; el candidato es cliente de un partido, y el partido es cliente de un sistema a punto de la putrefacción, sistema fracturado que se compone por organismos fracturados que han quebrantado la confianza de la sociedad, que han robado y engañado a sus electores, que ha delatado su nauseabundo proceder y que ha suscitado un proceso de autodestrucción. Candidato y sistema que promueve, cada periodo electoral, el abstencionismo, no sólo electoral sino ciudadano, caracterizado por la negación a participar en todo lo concerniente a los asuntos públicos y políticos, a los temas que le atañen a la sociedad, pero que parecen no importarle más, todo gracias a las viejas prácticas y estereotipos de lo político, todo debido a lo grotesco que se ha vuelto la labor del servidor público.
Entonces valdría la pena preguntarnos: ¿Quién es el mejor candidato, el que usa más gel para el cabello, el que tiene más dinero en el bolsillo, la que es más guapa y el que viste mejor?, ¿o el que tiene la mayor convicción y actitud de servicio, o la que demuestra el mejor liderazgo en la comunidad, el que propone y luego posa para los fotógrafos, o la que debate demostrando dignidad y capacidades intelectuales honrosas y luego se preocupa por sus aspiraciones futuras en la política? Para responder estas interrogantes desde una perspectiva envolvente y justa, debemos involucrarnos en los quehaceres políticos, en los procesos electorales, vigilando y exigiendo a los partidos y a los candidatos, ya que si es parcialmente falso eso de que podemos votar y ser votados, al menos podemos manifestar nuestra conformidad o desconcierto ante la política actual. Cuidemos el voto y cuidemos a la sociedad, protejámosla de las sabandijas y de los oportunistas, cuidemos a la democracia y cuidémonos sin temor de la mentira y del desfalco. Podrían ratificarse estas oraciones con una afirmación que idea Denise Dresser, “no hay salvadores- refiriéndose a los gobernantes- sólo hay ciudadanos con una obligación compartida”. Obligación que parece ha sido premeditadamente eliminada por los políticos y gobernantes, pues con el paso del tiempo han mantenido un sistema que no permite la entrada indiscutible a la participación ciudadana y que aventaja a los pavorosos fantasmas de la corrupción y de la lejanía entre la sociedad y el gobierno. Para acercarnos más a la política y a los políticos, reafirmemos a los candidatos, a los aspirantes a puestos públicos, que más que memorizar los discursos y posar para las fotos, los que aspiren a ganar elecciones y luego gobernar y administrar, deben conocer a fondo las demandas sociales, reconocer íntegramente el papel de la ciudadanía en los procesos democráticos y gubernamentales, ofrecer soluciones y no prometer imposibles. Deben querer protagonizar la acción honesta y eficiente de gobierno y no interpretar un papel de telenovela que siempre termina en casamiento, en éste caso, entre la corrupción y el viejo sistema podrido. Deben intentar salir del arcaico molde de candidato, producto del sistema descompuesto y disfuncional, e integrarse a un renovado proyecto de gobierno democrático y ciudadanizado, que sirva para la sociedad y que falle a la tradición deteriorada de los antiguos mandatos rancios.
El perfil del candidato debe formarse a partir de los consensos públicos, de las exigencias colectivas, de los requerimientos ignorados, de las voces no tomadas en cuenta, de enfoques lucrativos para la sociedad, de visión y de compromiso, de todas las expresiones ciudadanas y de capacidad para responderlas. Conjeturar el perfil del candidato eficiente es tal vez un infecundo ejercicio, no debe erigirse a un redentor, no se trata de la búsqueda de un libertador que guie nuestras vidas, se presume una posibilidad de progreso, una posibilidad manifestada en la figura de un sujeto, que representa una colectividad que le delega responsabilidades y que responderá por sus actos.
El perfil del candidato debe ser conocido por todos, primero interpretando las señales de la sociedad y luego actuando, conduciendo su campaña por los rumbos de la democracia que van al par de los caminos de la ciudadanía.
El perfil del candidato será también el perfil del político que requiere esta nación, cercano a las peticiones, próximo a la honesta labor política, alejado de las prácticas sucias de los partidos. Es el “político del futuro”, que debería haber aparecido mucho tiempo atrás, que manifestará en su campaña, en sus proposiciones y convicciones, al ganar la confianza y la elección, excepcionalidad y compromiso democráticos.
Ejercitemos nuestro intelecto y sistema político y democrático al solicitar candidatos honestos, elecciones limpias, partidos decentes y ciudadanía participativa.
René López-Ortega.
El Perfil del Candidato
Escrito por René López-Ortega 682 días de antigüedad - PolíticaQuién votó por este artículo
Creemos que la información debe venir de los ciudadanos y trabajamos en equipo para apoyar económicamente a personas marginadas. ¿Estás con nosotros?



Comentarios
641 días de antigüedad
¿El pueblo? No, por que a ese no se le toma en cuenta.
¿Las televisoras y uno que otro medio?, Si, por que ellos van a sacar muy buena raja.
¿Los partidos políticos?, claro, de ellos depende seguir con el clientelismo y continuar en el presupuesto.
¿Los legisladores y el poder judicial? también, aunque cómo con la justicia prefieren seguir con los ojos vendados, ya que así es más comodo.
Mientras en el País no haya voluntad (no sólo voluntad política)para hacer algo para salir de está corriente destructiva y destructora sólo habrá los cambios necesarios para seguir igual.
679 días de antigüedad
Te felicito por atreverte a expresar parte de tu opinión sobre este tema tan apasionante que con el paso de los años ha provocado más indignación que cualquier otro.
Hablar de política, escribir sobre política no es fácil. Considero que tu artículo está muy bien planteado y particularmente surgió en mí la interrogante: ¿Cuál será el perfil del ciudadano? si es de él de quien en "teoría" sale el canditato!!...
Ojalá puedes escribir algo de eso!!!... me gustaría saber tu opinión!!!
Mar
680 días de antigüedad
Aparentemente para mayo o junio, desde lo que resulte de la reforma política, será posible pensar en las candidaturas ciudadanas y a pesar de eso, prevalece el problema de la baja participación ciudadana.No nos alcanza para apoyar una candidatura independiente y ni siquiera para hacer una masa crítica que sea de interés de un partido. Se avecina una nueva oleada de "ciudadanos profesionales" (Patricia Mercado, Jorge Castañeda, ahora hasta Rosario Robles, etc.) que ni dejan de ser ciudadanos ni son iguales ni son malos por necesidad, pero tampoco representan a la ciudadanía llana y temo, poco se interesan en ella.
Se verá...
682 días de antigüedad
682 días de antigüedad
Escribir de política en este país es desalentador por el momento que vive nuestra democracia en donde sus ideales no se reflejan debido a que los principales actores (los partidos políticos) no logran concretar un acuerdo y un compromiso nacional.
El perfil del candidato hoy en día es absolutamente secundario...o más bien, las cualidades y fortalezas que debieran ser valoradas (salvo honrosas excepciones) pasan a un segundo plano opacadas por la mercadotecnia política mediática.
Sin embargo considero que siempre es útil detenernos a hacer un ejercicio de reflexión sobre el tema, y no perder la esperanza de que los candidatos, una vez que resulten vencedores, logren imponerse a la voluntad convenenciera de su partido político y finalmente, le cumplan al ciudadano.
Si te recomiendo que tus artículos lean mucho más cortos para que inviten a su lectura.
Saludos
@anaschwarz