Será que me estoy haciendo ermitaña o cada vez tolero menos las fiestas. Bueno, no me disgusta la fiesta en si, sino los pendejos que me tocan en la mesa. Creo que más bien soy intolerante a los pendejos. Al pendejo de hoy se le ocurrió hablar del pasado, me preguntaba de los tiempos de Carlos Jonguitud como si yo tuviera muchas ganas de acordarme de cuando tenía 25 años. Que extraños tiempos. Ni parece que fuera yo. El día que me uní al partido Carlos me repetía que mi vida estaba asegurada, a cambio de lealtad. El cabrón me dio una plaza de maestro y me llevaba a los eventos, punto. Y ya con eso me trataba como si me hubiera parido. Quería que le rindiera culto nomás por un favorcito.
Que poco me conocía el mentado Don Jonguitud. El no sabía que ese nunca fue mi estilo. Mi época de lamer botas no duró mucho. Dos o tres años. Un político exitoso normal tiene un periodo de lamer botas de 10 a 15 años. Hay quienes duran treinta años lamiendo culos esperando el chispazo que les mande un buen hueso. Hay pobres que duran toda la vida. Yo no. A los 5 años de carrera ya tenía a varios políticos agarrados del cogote. Carlos trató de apagarme cuando se dio cuenta que era muy peligrosa para él. Demasiado tarde.
Mira nomás como lo dejé.
Lo peor es que mañana tenemos otra fiestecita, se casa la hija gorda del secretario de conflictos. A seguir soportando gente hipócrita. Como si no supiera lo que publican de mí en los periódicos, lo que opinan de mí en los foros. Pero eso sí, en mi cara nada. Los mismos que dicen que soy el gran cáncer de México son los mismos que se toman fotos conmigo en las borracheras del SNTE. La verdad es que no se siente tan mal el saber que todos en esa fiesta me tienen miedo. No sólo en la fiesta. Carlitos Loret me pinta como el demonio en sus artículos, pero cuando me entrevista en su programa me trata como reina, nomás se la pasa echándome ojitos con su sonrisa de niño lelo. No hay nadie en la política que se atreva a ponerse en mi contra. El último gran atrevido fue Madrazo cuando me quiso traicionar.
Mira nomás como lo dejé.
Se siente extraño. Todos los intelectuales hablan pestes de mí, todos los columnistas vomitan mi nombre como si yo fuera la causante de que este país esté lleno de jodidos.
Y lo que no saben esos periodistas de banqueta es que entre más mal hablan de mi, más fuerza me dan en la polaca. Desde que soy la mala del cuento ahora todo el mundo me pide favores. Estos políticos tienen vocación de niña de 15 años. Tienen una debilidad por los malos. La maldad te transforma en un político deseado. El ser deseado te da poder. Y el poder te llena de más maldad. Y ahora yo soy la culpable. Yo soy el monstruo de la política mexicana.
Pues que hagan algo para detenerme. Como si alguno de los partidos pudiera hacerme algo. No hay ningún grupo que no me deba favores. Y no hay nadie que se atreva a traicionarme. Todo México sabe que nadie más que yo ganó la elección del 2006. Nomás tuve que ser paciente y esperar a que Felipito viniera desesperado a pedirme su ayuda. No me pudo negar nada. El pobre ahora ya sabe cual es mi forma de negociar. Le quedan tres años de deuda más lo que le cobre de intereses.
¿Quién más me va a detener? La juventud. Jajaja. Que no sean ridículos. De qué clase de jóvenes están hablando. La única clase de jóvenes que yo conozco son los pendejitos recién graduados que salen de su escuela más corruptos que los viejos. Esos pendejitos hasta se pelean para darme sus tarjetas recién mandadas a hacer. Están más dispuestos que los de antes para lamer botas el tiempo que sea necesario. Por lo menos los jóvenes de antes duraban seis meses creyendo que iban a cambiar a México. Estos cabrones no, estos ya llegan directo a lo que van. La juventud no es el futuro de México. El futuro de México está en manos de los mismos viejos de siempre, nomás con menos años. El futuro de México está en manos de los Peña Nieto, de los Hernández, de los beibisaurios. Y por supuesto todos ellos tienen que respetarme a mí, a su monstruo, a su cáncer, a su fuente de seguridad.
Pero por lo pronto a soportar otra fiestecita...
Aunque viéndolo bien, yo creo que ya se me antojó...
En los zapatos de Elba
Escrito por ricardo_delao 860 días de antigüedad - PolíticaQuién votó por este artículo
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Comentarios
464 días de antigüedad
La corrupción en México, no es solo un fenómeno económico de intercambio de mercancías y/o favores personales, tan representativo del modus vivendus congénito de la amoralidad del Capitalismo, sino que, por el contenido de este articulo, es ya un fenómeno de la ausencia o perdida voluntaria de una actitud ética personal, llevada al nivel sociológico.
Ser Corrupto, no es ya una vergüenza política partidaria, sino un pre requisito para ir ascendiendo en los diversos niveles de Poder en México. A mayor corrupción, mejor opción de mejorar el estatus personal (inicialmente), sino también de optimizar y perfeccionar el posicionamiento gremial, partidista, empresarial, cultural, eclesial, gubernamental, social, etc.
Lo que, a gentes como: Elba Ester, Beatriz Paredes, Don Beltroni, Gamboa Patrón, Madrazo, Fox, Calderón, Molinar Horcasitas, Creel, Cecilia Romero, Germán Martínez, Cesar nava, Diego Fernández, Peña Nieto, Mario Marín, Ulises Ruiz, Emilio González, Jesús Ortega, el Niño Verde, Rosario Robles, Amalia García, “Juanito”, etc., les debería significar un insulto o calumnia el ser llamados públicamente CORRUPTOS, ya no se traduce como una vergüenza, sino como un mérito personal, familiar o social. Al grado de que, ya no tan solo no se deniegan, ni refutan, y ni siquiera reclaman en contra de sus acusadores, sino que hasta lo presumen, pues lejos de significar una desvalorización de sus personalidades, son una “virtud” clásica de la mal llamada “Clase Política” mexicana y de los miembros distinguidos de la partidocracia reinante.
Comparado esto, con el fenómeno del Crimen Organizado, y su conformación, ascenso y apoderamiento del control de la economía, del mercado y del gobierno (por no decir, del Estado), ahí las cosas funcionan de igual o mejor manera, pues a mayor penetración (usando la corrupción), mayor impunidad y mayor empoderamiento regional, nacional o internacional, con la diferencia de que estos, sabiéndose infractores y transgresores de la “Ley”, en cualesquier momento, y por las lógicas conveniencias cupulares, algunos pueden ser encarcelados, expatriados o ejecutados, mientras que los ajustes de cuentas entre los “políticos” no van mas ala de la pérdida del puesto definitiva, o de la baja temporal en sus cargos, esperando la nueva oportunidad de “volver a las andadas”.
El autor del artículo, refleja con toda la claridad exigible, su naturaleza siempre predispuesta a enrolarse en ese ambiente putrefacto y necrófilo tan propio del régimen mexicano que, sin perdonar la burla, hasta celebra el bicentenario y el centenario de su asunción ilegitima e inmerecida al poder Estatal.
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