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ESCUADRONES DE LA MUERTE
José Manuel Villagómez Cadena.

Seria disyuntiva tiene en jaque a la sociedad mexicana. El reciente caso del alcalde de San Pedro Garza García, Mauricio Fernández, que aparentemente ha formado un “Comité de Limpieza”, por supuesto antisocial, al cual se le relaciona con la muerte de un connotado narco, “El Negro Saldaña”.
Los resultados de esta efectiva eliminación ha dividido el sentir de la comunidad. Una parte celebra y aplaude tal medida, la restante censura este ilegal proceder.
Ha llegado a tal nivel la descomposición de la comunidad mexicana, que dentro de los grandes problemas nacionales tenemos a la impunidad y corrupción como las piedras angulares donde se cimenta nuestra convivencia cotidiana. Los resultados están a la vista.
En el México contemporáneo no se recuerda una etapa tan virulenta y violenta como la que padecemos. Los indicadores son alarmantes y de escándalo. El hampa organizada y la espontánea son los dueños de vidas y haciendas, señores de orca y cuchillo. Estamos situados en el punto donde ante la incapacidad e indiferencia de quienes están a cargo de nuestra seguridad, alguna gente con iniciativa y poder económico, ha decidido hacerse justicia manu propria.
En otra palabras, en la ingobernabilidad. No es inexplicable que esto sea así, es el producto de años de un ejercicio reiterado del rompimiento constante de las normas de convivencia social por omision de un aparato de justicia corrupto y venal, de cuerpos de seguridad infiltrados, coludidos y asociados con las fuerzas del mal.
En tales circunstancias ninguna queja, denuncia o solicitud de proteción ante ellos prosperará nunca, se está ante un callejón sin salida. Ni recibe atención ni se le permite defenderse a la gente.
A la luz de los hechos de esta putrefacción de la sociedad florece una selección darwinista económica. En la antigua Roma los primeros balbuceos del derecho romano estuvieron hechos a la medida de la clase dominante, se diseñó por y para ellos mismos. Más adelante los plebeyos fueron incluidos a chaleco en esa normatividad, pero con beneficios teóricos prácticos muy limitados.
En la actualidad la “justicia” sigue siendo clasista. No recuerdo nombres de pillos de cuello blanco, industriales, banqueros, industriales, funcionarios o políticos de alto nivel en las cárceles. No porque sean unos hermanos franciscanos, sino porque tienen en las manos el poder económico y político.
¿Hay algún defraudador del FOBAPROA en alguna ergástula, o algún responsable importante del incendio y muerte de infantes en Hermosillo…?
Ante la dura realidad y el desamparo en el que se vive, mucha gente aplica la ley del Talión, sólo eso, no se dedica a la industria delincuencial, no se extiende más allá de sus propósitos primarios, no es asesina o defraudadora serial.
En diferentes épocas, países y lugares, en situaciones análogas las víctimas de estos desaguisados agotados todos los expedientes recurre a la vendetta popular, a los escuadrones de la muerte o a ser vengadores anónimos como en las películas de Charles Bronson.
En Brasil, El Salvador, Colombia, etc., algunas personas han recurrido a cobijarse bajo el manto de las leyes de la supervivencia, la instintiva.
No hago un panegírico de la violencia, la ira o juicios sumarísimos populares. Sócrates decía “que es mejor padecer una injusticia que cometerla”. Fue congruente con ello, pero no cambió mucho la mentalidad humana.
En suma, la justicia humana es clasista, la divina inexistente, ergo entonces, dada la gravedad de los hechos ¿cuál es la pauta?


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