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El lunes de 7 junio, el escritor chileno Hernán Rivera Letelier en el programa Sin Dios ni Late de Julio César Rodríguez afirmó:

“¡Pobre del artista que diga: logré la obra maestra! ¿Qué lo que le queda después? ¿pegarse un tiro? Porque después se empieza a bajar. Lo que le pasó, por ejemplo, a Juan Rulfo, escribió su primera obra, Pedro Páramo, tal vez no le quedó una obra perfecta, pero se acercó tanto a la perfección que después no pudo superar eso, y el tipo no escribió nunca más y qué se yo y se volvió alcohólico y lo invitaban a todos los congreso de literaturas del mundo y el tipo se paseó con ese puro libro en toda su vida. Entonces uno dice: sería espectacular escribir su obra maestra y ¿después qué?”

Vaya qué “tipo” ese Rulfo ¿eh? Si eso fuera cierto…

Desde 1940 hasta 1953 cuando el maestro Rulfo publica su primer libro, El llano en llamas, había pasado 13 años corrigiendo sus textos. Después de su segundo libro, Pedro Páramo (1955) (“una de las mejores novelas de las literaturas de lengua hispánica, y aun de toda la literatura" Borges dixit) Rulfo siguió escribiendo.
El maestro Juan Rulfo, como lo saben todos, escribía, pero no publicaba.
Es que Rulfo detestaba las mediocridades.

Lo explicó mejor Augusto Monterroso en su cuento “El zorro es más sabio”. Un zorro escribe un buen libro y después otro mejor, y con eso se da por satisfecho. Los otros le piden más. El Zorro no lo decía, pero pensaba: "En realidad lo que éstos quieren es que yo publique un libro malo; pero como soy el Zorro, no lo voy a hacer".


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