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Con el primer disparo, Carlos Montemayor hizo blanco en el foco que pende sobre las barracas del silencio, esa debe ser nuestra señal para comprometernos a empuñar la palabra al despuntar el alba, para romper el cerco de niebla que nos rodea.

En su espalda se levanta el lago, con su arrullo intermitente de aves, motores que despiertan. Con lentitud, el escritor escoge su fusil literario, lo afina y se prepara para disparar con la certeza que llegarán los refuerzos para sorprender al silencio entre dos fuegos; en el papel la victoria se dibuja con unos leves trazos.

Ese primer disparo y sus resonancias en la historia oficial de México, es recogido por Carlos Montemayor en la novela “Las Armas del Alba”. Ahí asistimos a la concepción de Realidad como un entramado de verdades que se contraponen para mostrarnos un hecho desde diferentes ópticas: el asalto al Cuartel Militar Madera en 1965.

Un grupo de 13 guerrilleros conformado por campesinos, estudiantes y profesionistas encabezados por Arturo Gámiz, intentaron tomar una guarnición militar con 120 elementos. Ese intento fallido fue el detonante para que los movimientos armados agrarios y urbanos en el país despertaran y se lanzarán a combatir encarnizadamente para defender los derechos de tierra y libertad en México.

La novela reconstruye literariamente uno de los movimientos menos documentados de la guerrilla. Sin embargo, el escritor se aleja de los moldes de la novela histórica para crear un texto de primera mano, con testimonios de los sobrevivientes, de los militares, del Gobierno y de los habitantes de las comunidades.

Dentro de su estética, la realidad esta integrada con una visión circular de la historia, donde el compromiso del escritor está centrado en presentarnos un circuito cuyos componentes cambian con el tiempo y el lugar, para la energía que alimenta ese proceso permanece: el despojo de tierras, la represión, la violencia y la voracidad de los grandes empresarios.

Montemayor vivió en congruencia con sus ideas literarias y políticas, pugnando por evidenciar el reduccionismo de la versión oficial de los hechos. Esa reducción de la realidad no es exclusiva del Poder, también de los investigadores que repiten incansablemente sus palabras.

Así, sí México es una creación verbal de los empresarios, políticos, intelectuales e instituciones, entonces la estética de la novela debe presentarnos la realidad como es: múltiple y diversa. Para Montemayor la realidad es un conglomerado de interpretaciones, por tanto, los hechos concretos son diluidos en la ideología del emisor.

Carlos Montemayor asume la responsabilidad histórica de narrarnos un hecho confuso y humano, donde un grupo reducido quiso enfrentar con idealismo la desesperanza. A través de las diferentes voces que narran su versión hasta sepultar la verdad del movimiento guerrillero, llegamos a la conclusión que los jóvenes no intentaban suicidarse, sino que estaban consientes que con el primer disparo encenderían la llama revolucionaria.

Así, el escritor se tiende en el terraplén que se eleva sobre la primera galera del cuartel. A su espalda se levanta el lago de aguas quietas y oscuras, con su murmullo de aves y motores, lentamente me acodo en la vía del tren, esperando que lleguen los refuerzos. Alcanzó a oír su respiración quieta, apacible, mientras señala hacia la puerta de la guarnición, donde hay un foco encendido:

-Con el primer disparo haz blanco en el foco que pende sobre las barracas del silencio, esa debe ser nuestra señal para comprometernos a empuñar la palabra al despuntar el alba, para romper el cerco de niebla que nos rodea.

http://www.losolvidosliterarios.blogspot.com

por Rodrigo E. Ordóñez Sosa
desde algún punto de la humareda.

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