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Lo que la gente tiene en la cabeza

Escrito por Nadiamente 311 días de antigüedad - Sociedad
Es una mañana fría y algo gris. Es una calle estrecha, en un pueblecito en la ex Yugoslavia. Una mujer serbia, nonagenaria, ataviada por entero de negro, sostiene un cigarrillo en la boca. En una de sus manos, sostiene un rifle muy gastado. En la otra, la pequeña mano de su nieto de cinco años. A media calle, se detienen, frente a un árbol de ramas casi secas, un árbol decrépito. Ella le señala al niño, con el cañón del rifle, en dirección a aquel árbol, y le habla aún con el cigarrillo entre los labios: “Es ahí donde un albano asesinó a tu abuelo”. Se lo repite, como cada mañana.

Dos niños caminan bajo el calor veraniego en las calles devastadas de Jenin, al norte de la ocupada Cisjordania. Han conseguido en el mercado negro un par de jugosas rebanadas de sandía. Dos soldados israelíes se les acercan. Sin preguntar más nada, les arrebatan la sandía, los suben a un camión y se los llevan. (Los colores de la sandía, blanco, negro, rojo y verde, son los colores de la bandera Palestina, proscrita por el Gobierno Militar).

“Nosotros no somos rusos”, me decía el ucraniano Oleg Yefimov, “nuestra cultura y nuestra lengua son distintas. En todo caso, es de Ucrania de donde provienen los rusos. Pero de ninguna manera somos iguales”. Luego añadía: “Nosotros hemos sido ucranianos siempre, desde hace muchos cientos de años, y siempre lo seremos”.

Una estudiante mexicana, universitaria de último semestre, que ha estado un semestre de intercambio en España, es invitada a una fiesta con motivo del 12 de Octubre. Responde ofendida: “¿Cómo crees que voy a celebrar lo que hicieron esos malditos españoles?”

El odio étnico, el odio racial, la necesidad de un ‘ellos’ contrapuesto al ‘nosotros’, no viene grabado en nuestros genes. No es parte de nuestro hardware. Al contrario, me atrevo a decir que es parte del software, y el software es la cultura y la identidad, aquello que distingue un grupo humano de otro. Y la identidad étnico-cultural no es otra cosa que lo que la gente tiene en la cabeza. ¿Cómo llega hasta ahí?

La identidad étnico-cultural puede ser definida como un conjunto de conceptos aprehendidos a lo largo de nuestra vida, a veces impuestos, a veces consecuencia de eventos históricos fuera del control del grupo étnico en cuestión. Lo que me da identidad es lo que me hace diferente de ti, es el conjunto de sucesos que en se han ido registrando en la memoria colectiva, y que la sociedad va reproduciendo a través de las instituciones que ha creado a lo largo de su historia, mismas que median las relaciones sociales del grupo por un lado, mientras que por el otro aseguran la pervivencia del mismo.

¿Cómo se cambia, pues, lo que la gente tiene en la cabeza? El niñito serbio seguramente que va a crecer con un odio endémico hacía los albanos; los palestinos aborrecerán todavía un rato más a los judíos; Oleg Yefimov seguirá sintiéndose claramente superior a los rusos y mi compañera de seguro que no celebrará nunca en su vida el 12 de Octubre. Cambiar eso tomaría generaciones.
Pero es un principio. Si nos alejáramos de la retórica post-guerra fría de que todos somos iguales (lo cual es de por sí obvio), y empezamos a trabajar sobre lo que nos hace diferentes, por lo tanto únicos y valiosos cada uno per se, entonces ya podríamos empezar a avanzar hacía un mayor entendimiento entre todos los habitantes del globo. A fin de cuentas, ‘lo mejor que tenemos’, la democracia, se nutre del hecho de que, justamente, somos diferentes, a veces contrarios, y en ocasiones chocamos unos con otros. Es cosa, pues, de que la gente lo tenga también en la cabeza.

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