Mtro. Monsiváis estandarte de paz sin tolerancia a la injusticia
Escrito por Eva Schuster 600 días de antigüedad - SociedadQue se puede decir del maestro Monsiváis que en todos los periódicos más importantes en el entorno nacional e internacional no hayan dicho ya, cúmulo de valores encontrados en un ser humano que vivió con modestia siendo luchador incansable de las causas justas, portavoz de oprimidos y de los más débiles, aquellos que no tenían o se quedaban sin voz. La mayoría de nosotros aspiramos a vivir en forma coherente, a cambiar nuestro llanto cuando nacemos y expirar felices mientras otros, los que se quedan lloran nuestra ausencia. Pocos hablan de la gran fe que profesaba Don Monsiváis, del gran amor que sentía por su prójimo que demostraba siempre en su incansable lucha que tenía por la democracia, por la esperanza de encontrar y vivir un México nuevo con él que siempre soñaba. Lector incansable dónde el silencio era su más íntimo que le permitía ese gran conocimiento e interpretación de una realidad que apenas con su despertar de conciencias se va conociendo dispuesto siempre a abandonar todos su miedos para soltarse y reírse de todo aquello a lo que andamos encadenamos y encontrarle tanto gusto por la vida. El pensamiento del maestro Monsiváis observaba los objetos y personas como si fueran nubes en un vasto cielo que vuelan libremente, sin que lo ataran, ni le pertenecieran, promulgando elegir el perdón cuando había motivos de odio, elegir fe cuando la situación era desesperada y elegir la paciencia antes de que le consumiera la furia, así sus vastos escritos y narraciones.
Lo que para él era tan natural como el ser espiritual que era y le daba un exacto sentido en sus letras a la palabra “humano”. Y aun así sin dar un momento de tolerancia a la injusticia acompañaba los ritmos de la naturaleza para actuar con tolerancia y compasión producto de su gran fe, viviendo un mundo más realista alejado de los pequeños egoísmos y la necesidad de transcender, por su infinita humildad así encuentra desde hace mucho tiempo las llaves del reino que muchos de nosotros sólo soñamos todavía con encontrar. Sin querer ser erudito ni compositor, transciende en la sabiduría y en las letras.
Su vocación de servicio, fue tan espontaneo como su ácido sentido del humor porque para él vivir espiritualmente era el trabajo arduo de estar conectado con su pueblo, sin desperdiciar su gran energía de vida, desde el fondo de su corazón, pero sobre todo con gran intensidad y coraje por las causas de los más desprotegidos, en lo más expresivo del amor verdadero, un amor que se palpa en los funerales en su nombre. Muchos sólo aprenderemos a interpretarlo por sus innumerables crónicas, por su incansable temperamento, alejado del poder y tan cerca del pueblo.
Para los que tuvieron la fortuna de estar cerca de él, les queda sin duda un gran vacío pero una gran promesa, esa la de esperanza que lleva cada imagen paterna que le deja a muchos y la fe de su gran maestro Jesús de Nazaret. Así jamás toleró la injusticia, aunque siempre habló de su gran aventura de la vida con la clara intención de despertarse cada mañana y respirar, dejando atrás las preguntas que le consiguiesen respuestas para brindarle seguridad. Su vida fue indudablemente conducida por la verdad, esa que ahora vemos con más claridad y dónde el estandarte de paz que portaba sin perder el sentido intrépido de la aventura puede transformar nuestra vida en una extraordinaria. La práctica de sus valores espirituales será una guía permanente para todos aquellos que cautivó con su pensamiento y una gran inspiración para generaciones que conocerán a un extraordinario pensador y ser humano. Hasta siempre Monsiváis, hasta la victoria en el cielo o en la tierra.
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Comentarios
600 días de antigüedad
600 días de antigüedad
Muy chulo, muy pero muy chulo tu homenaje al buen Monsi!