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“Prometer no empobrece, dar es lo que aniquila”



En un intercambio de ideas, por así decirlo en el “famoso” Twitter, con el Sr. Julio Hernández López, me comenta: “En la política de primer nivel todos quieren ser como Maquiavelo”.

Según Maquiavelo las características esenciales de cualquier político son:

La capacidad de manipulación, por los medios que sean necesarios para llegar al poder y mantenerse en él: “El que consigue el poder es el Príncipe, el que consigue el orden y la paz son los súbditos”. El gobernante tiene destreza, intuición y tesón, y sobre todo saber moverse según soplen los vientos. Es diestro en el engaño, no debe tener virtudes, sólo aparentarlas, es un amoral, es decir no diferencia el bien y el mal, está por encima.

Maquiavelo también justifica, que en ciertos momentos de corrupción y desorden es mas útil y eficaz la acción de un solo personaje, adornado de cualidades excepcionales, eso sí, aunque no las posea.

Es tenebroso pensar que los políticos de primer nivel quieran ser siempre Maquiavelo; como el intelectual Julio Hernández afirma, ya que:

Maquiavelo fue un pensador, pero sin un sistema filosófico concreto, un humanista pero siempre viviendo el sueño por la nostalgia de la antigua Roma; sin principios éticos y oportunista; comparándolo con Tomás Moro, que era un idealista, Maquiavelo definitivamente se encontraba del lado opuesto. No se distinguió ni por su amor, ni por su respeto a sus semejantes. Para él, procurar el bien moral o material del pueblo quedaba relegado frente al objetivo de alcanzar el poder. Para él la política nada tenía que ver con la ética y la moral ¿Triste realidad de nuestra política actual?

Como ya es sabido las promesas de campaña de los candidatos presidenciales han sido hasta ahora promesas falsas llevadas por el viento; la extrema pobreza, la precaria educación, el control mediático, desnutrición infantil, violación de los derechos humanos, el claro enriquecimiento de un gobierno frente a un pueblo cada día más pobre, son sólo ejemplos de las hipocresías y la falta de moral de los últimos inquilinos de los Pinos.

El 1 de diciembre de 1988 Salinas al tomar el poder, a sus 40 años se convirtió en el más joven presidente de México desde Lázaro Cárdenas. Sus compromisos fueron entre otros, hacer más transparente la vida política, fortalecer la legitimidad del proceso electoral y modernizar el sistema de partidos, lanzar también un ambicioso plan de reformas económicas para vigorizar el anémico crecimiento y acelerar la reducción de la inflación, que en 1988 registraron las tasas respectivas de 1,1% del PIB y el 52%.

Sus “reformas económicas” aceleraron la campaña de privatizaciones comenzada en1982, viéndose afectadas las grandes empresas del Estado, así se privatizó TELMEX, (adquirida en una subasta pública por el magnate Carlos Slim Helú) las comunicaciones viales y las aerolíneas, el sector químico, el siderúrgico (Altos Hornos de México), los seguros, las cadenas hoteleras, los medios de comunicación (Imevisión, que dio lugar a TV Azteca) y, finalmente la banca. Al finalizar el mandato de Salinas más del 90% del parque empresarial del país tenía dueños privados. El legado de salinas para todos los mexicanos.

¿Y qué se puede decir de Zedillo?, que sólo se apegó al socorro internacional, completó la reforma política iniciada por Carlos Salinas, y no mejoró la calidad de vida de la población, aunque su slogan fue siempre “por el bienestar para tu familia”.

Nada más fácil en las lides políticas que prometer en los mítines una sarta de cosas, algunas de tan fáciles apariencias, que el candidato se empeña en repetir una y otra vez.

Vicente Fox entre sus promesas de campaña insistía en tener el crecimiento de PIB al 7% anual, propuesta ni tan siquiera analizada, porque en México ni en sus mejores épocas de los años sesenta, logró crecer a ese ritmo promedio anualizado en un sexenio, prometió una generación de 1,300,000 empleos por año, y una vez más, la eliminación del impuesto por tenencia de automóviles; estoy segura que la mayoría de los mexicanos ya perdió la cuenta de cuantas veces oyó repetidamente, esa misma promesa en las diferentes campañas políticas para la presidencia de la república. Sólo promesas sin trasfondo con el fin único de llegar al poder.

A cuántos políticos de compromisos incumplidos por diferentes razones podemos aplicar la frase popular “prometer no empobrece, dar es lo que aniquila”, se les olvida que más temprano que tarde dichos incumplimientos, le serán perseguidos en los anales de la historia de nuestro país y el mundo como los grandes perdedores en virtud y principios. Sí, tal vez sean reconocidos solamente como otros tantos Maquiavelos por no decir maquiavélicos. Así transcurre el sexenio calderonista, lleno de discursos oligofrénicos de un presidente espurio.

Como Pedro Echeverría afirma: ¿Que hubiese pensado el “Che”, personaje ejemplar -porque actuó, fue consecuente con el hilo de su pensamiento- sobre las políticas de alianzas? Aunque nunca pensó en su “trascendencia histórica”, tampoco buscó los medios para exhibirse y hacer política que incluso llegó a pensar que ser parte de un gobierno le limitaba sus libertades para decir las cosas como son. Un “Che” comprometido sobre todo con los de abajo, luego se piensa en la política mexicana y sus alianzas sin principios, sin ética, no se sabe si es una ilusión o lo que uno ve.

Maquiavelo tenía la concepción del hombre como perverso y egoísta, solo preocupado por su seguridad y por aumentar su poder sobre los demás. Algunos historiadores le atribuyen incluso la invención de la dictadura moderna.

“Si los pueblos no se ilustran, si no se divulgan sus derechos, si cada hombre no conoce lo que puede, vale debe, nuevas ilusiones sucederán a las antiguas y será tal vez nuestra suerte cambiar de tiranos sin destruir nuestra tiranía”. (Mariano Moreno).

Ya no podemos arrepentirnos constantemente del pasmoso silencio de la gente buena por dar lugar a las malas acciones de gente perversa, sin escrúpulos que sólo es timoneada por la riqueza personal y las ansias de poder.

La base angular de una verdadera transformación del país es dónde el Estado pueda recuperar su facultad para planear un desarrollo de acuerdo a un interés nacional. Enfocando los esfuerzos a la economía real, a trabajar y producir los bienes que necesitamos. Sin producción no hay empleos, industrias, consumo, mercado, bienestar colectivo, ni economía poderosa, ni nación soberana.

En palabras de Andrés Manuel López Obrador este lunes 25 de Enero 2010, sostiene que se tiene que recuperar el Estado democráticamente, y una vez logrado esto, reintegrarse las riquezas y los bienes públicos que han sido entregados o concesionados a través de reglamentos o leyes secundarias, porque en ningún caso pueden estar por encima del principio constitucional, que señala el dominio directo de la nación sobre los recursos naturales del país. Por tal motivo la manera de hacerlo es derrotar de manera pacífica en el terreno político a esta oligarquía, es tarea fundamental para obtener una verdadera democracia, para que los bienes del país sean cuidados y explotados de manera racional y se distribuyan con justicia.

Mientras el Estado esté al servicio de unos cuantos, nada cambiará, ni grandes horas de debate por una “reforma política” propuesta por el “presidente del empleo” FCH, que busca solamente distraer sobre la cruel situación económica que atraviesa la inmensa mayoría del pueblo mexicano.



Eva María Schuster




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