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RECORDEMOS EL AÑO DE 1968

Todo inició en un pleito doméstico entre estudiantes. Lo que es natural en estos casos, este incidente insustancial fue mal solucionado. Se enriqueció con la obligada saña y brutalidad policíaca cuando de reprimir se trata, el encarcelamiento de algunos revoltosos…, y un asunto propio de nota roja se trasladó al político, a una inconformidad social que trascendió y rebasó las demandas primarias: la destitución de algunos jefes de la policía, etc.
Tal vez esta insólita demanda –el pedir la cabeza de una despreciada autoridad-, llevaba el germen de lo que fue un movimiento popular importantisísimo. Ya lo sabemos, el pueblo tiene la obligación ineludible de obedecer y acatar sin oponerse las sabias disposiciones de la sacro santa autoridad y no a la inversa.
Esta insurgencia tuvo como una de sus causas, agravios, desaguisados, represiones, autoritarismo extremo, falta de libertades y acallamiento de expresiones, etc., que de simples demandas mínimas y fáciles de atender, fueron el detonante para que las mismas se fueran ensanchando a reclamos de corte político señalados y protegidos en la Carta Magna.
En otras palabras, hablamos de una ausencia al apego puntual de lo escritro en las leyes. El gran problema nacional: la violación sistemática de los derechos ciudadanos.
El desenlace inmediato es conocido de todos, la grotesca represión; en lo mediato, el avance lento y gradual en la conquista de nuestro reconocimiento como ciudadanos demandantes.
Resumiendo, un problema muy focalizado se amplió a niveles insospechados con la suma de añejos reclamos sociales suscritos y sostenidos por la comunidad que encontraron en este movimiento, el lugar propio para adicionar, apoyar y defender una nueva agenda temática a discutir.
Algo semejante se puede presentar con el caso de la desaparición de la Compañía de Luz y Fuerza del Centro. Las peticiones primarias –excepto la devolución y recuperación de sus fuentes de trabajo-, ya están pasando a un segundo plano.
En la manifestación de ayer éstas se deslizan a la discusión de un nuevo pacto social, la realización de una huelga nacional y la caída del Secretario del trabajo. Demandas, en particular la primera, que puede ser atractiva a gente, grupos, organizaciones e instituciones, hasta ahora a la expectativa, que han estado exigiendo, principalmente a nuestros indiferentes e insensibles representantes populares.
En otras palabras, por aquí se puede ir ahora la inicial lucha laboral al extender sus exigencias más allá de estos ámbitos. En la marcha y mitin de ayer se sumaron a la misma personas y agrupaciones de instituciones públicas, privadas y algunos representantes populares.
Esto puede ser el inicio de un movimiento social más grande al encontrar la ciudadanía banderas que enarbolarían gustosas, como en el 68.
Tiene el gobierno la palabra, a él le corresponde decidir por los cauces legales o represivos hasta dónde va a permitir y satisfacer estos reclamos. De algo estoy seguro, el horno no está para bollos.


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