Voces unidas por una verdadera democracia
Nos quedamos un tanto dispersos ante la mirada de tantos y encontrándonos cara a cara con la corrupción; sin duda una de las cosas más terribles de la corrupción es que desmoraliza a los ciudadanos, es decir nos hace pensar que no vale la pena ser honestos, ni que tampoco valga la pena acatar leyes ya que ni el propio gobierno lo hace, por otra parte en su implicación social, la práctica de la corrupción provoca que se pierdan oportunidades de crecimiento y desarrollo para la población, es una historia sin fin, que aniquila nuestra capacidad de nación democrática.
Por otra parte luego surgen líderes que al querer hacer un cambio en pro de la transformación del país son perseguidos por campañas mediáticas que sólo influyen miedo e incapacidad de voluntad para transformar nuestras vidas y de la nación, coordinadas estas desde las cúpulas más altas de un poder oligarca; también se dan muchos héroes anónimos; líderes sociales que son asesinados o desaparecidos, o periodistas que en busca de la verdad son despiadadamente asesinados. Mientras el pueblo o sea nosotros quedamos una vez más en el silencio, en la desesperanza, en la impunidad total.
En la otra cara de la moneda, el abuso de poder para el beneficio de intereses privados de quienes tienen el poder político en nuestro país, deteriora cualquier intento de obtener una democracia ya que beneficia a unos cuantos a costa de la mayoría de la población porque sin lugar a dudas se da una injusta distribución del ingreso.
Muchos de nuestros más férreos críticos de formación liberal estiman que es la pasividad del pueblo mexicano sin conciencia democrática que provoca el alto grado de corrupción política. Esta crítica occidental no repara que sus gobiernos y sus empresas participan en ella al igual que una élite de poder extendiendo sus redes por doquier.
La corrupción política se consolida en los marcos constitucionales creados o interpretados a la medida de los que tienen el poder lo cual incrementa los índices de pobreza extrema. El objetivo primordial es mantener un sistema jurídico y político estable que les permita una acumulación de riquezas y poder político violando los derechos fundamentales de un pueblo, de los más humildes, es decir todas aquellas voces silenciosas que no tienen la posibilidad de defender sus derechos, víctimas de la corrupción política, dónde quien lleva la batuta es una mafia de poder y es orquestada en nuestro país desde un gobierno federal ilegítimo, crea un cerco de impunidad dónde a su vez todos los involucrados se protegen entre sí para defender sus intereses económicos.
Las democracias “desarrolladas” apoyan por desgracia también esta corrupción, mientras los bienes patrimoniales, herencias y propiedad pertenecientes a políticos corruptos y sus familias aumenten las arcas de sus bancos; estas familias posteriormente se trasladan a estos países para realizar estudios; negocian y trabajan con quienes influyen en la política y economía dominante del país de dónde son originarias, creando así una reacción en cadena. Lógicamente las familias de estos funcionarios corruptos aún viviendo en el extranjero tienen sus expectativas de vida cubiertas gracias a su capacidad adquisitiva, por lo pronto esto nos permite visualizar perfectamente, como invierten las mafias poderosas en países de primer mundo y a su vez nos explica el carácter antidemocrático participativo por parte de estos países; continúa así un imperio de opresión.
Ciertamente la impunidad es lo que queda de aquél delito que no es castigado, mientras tanto las miles o millones de voces silenciosas, en nuestras mentes nos imploran: “Justicia”; así la impunidad política, la que prácticamente hemos institucionalizado, en dónde los métodos son inexorablemente mafiosos, son los más punzantes en nuestra incipiente democracia. La mafia del poder se ha repartido el poder en México, como lo hacen las grandes bandas de la mafia, casi recordando a la novela “El Padrino” de Mario Puzo y magistralmente filmada por Francis Ford Coppola. La impunidad política ha hecho que esta sea un fastuoso botín para los arribistas, tan fácil fue costear una campaña, como la que lograron hacer con Calderón por la mafia política y así seguir enriqueciéndose o incrementar su patrimonio por demás insultante ante la pobreza extrema de los millones de nuestro país.
Por otra parte la violencia definitivamente está provocando una “ciudadanía del miedo” como se afirma en el norte del país, porque aquí en el sur, en Yucatán, nos sentimos aliviados que masacres como las que han sucedido en el norte del país recientemente y específicamente en Ciudad Juárez y Torreón no sucedan, aunque gracias a decisiones de un gobierno de facto, también seamos parte de la gran polarización de las clases sociales con todos los problemas sociales y de rezago que afectan toda la nación.
Hace dos días un amigo al cual estimo mucho del Distrito Federal, radicado en Mérida desde hace más de 20 años, me comentaba que ya parece una costumbre o más bien que tristemente parece que nos hemos acostumbrado a ver a todos esos cuerpos mutilados todos los días. Pero en verdad todos nos asustamos y nos quedamos como voces perdidas en el silencio; ante tanta impunidad sobre los crímenes perpetuados recientemente en contra de adolescentes, o los crímenes constantes en contra de las mujeres en Ciudad Juárez. ¡Pero sí! alzamos la voz y nos declaramos indignados, al mismo tiempo nos unimos en oración con todas esas familias que han perdido a un ser querido, y también por todos esos crímenes que siguen impunes. México no tiene porqué acostumbrarse a esas escenas trágicas de los crímenes de violencia, necesitamos creer que esto es reversible, ya que estos niveles de violencia son sin duda el espejo fiel del clima de incertidumbre económica, desempleo, rezago social y marginación, que tenemos en nuestra nación.
Por eso también es necesario un gran cambio, como país, como nación, México pide a gritos un cambio, y no son gritos de voces que celebrarán un Bicentenario, son gritos de todas esas voces silenciosas, de toda esa gente humilde, de esos millones de mexicanos sumidos en la más terrible pobreza; de todas esas familias que a diario pierden un ser querido injustamente por la atroz violencia en nuestro país.
Pero hay que continuar sin perder la esperanza, la fe de que un cambio, una verdadera transformación es posible, es base angular de una lucha pacífica; es por eso que apoyamos a un líder como AMLO que ha demostrado a tres años de distancia que la mentira no puede ser simulada y la verdad es bastión central de su movimiento, seguiremos apoyando el movimiento pacífico del Gobierno Legítimo de México, seguimos avanzando. ¡Por una nación libre y soberana!
Eva María Schuster
Voces unidas por una verdadera democracia
Escrito por Eva Schuster 731 días de antigüedad - PolíticaQuién votó por este artículo
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